Historia de un «Accidente, un Rescate y una Cruz».
Habían transcurrido casi cuarenta años de relativa bonanza deportiva en el entorno del Curavacas cuando un nuevo doble accidente letal ensombreció su panorama. El día 13 de enero de 1996 los burgaleses Abain Puertas y Alfonso Vicente perdieron la vida en un accidente acaecido en Curavacas. Habían ascendido por el Callejo Grande. Las crónicas señalaron a las circunstancias meteorológicas como responsables de una confusión que los accidentados sufrieron durante el descenso. Una decisión errónea sobre la vía de retorno al Callejo Grande condujo a Abain y Alfonso a las escarpas vertiginosas de la fachada septentrional. La reconstrucción del accidente permitió presumir que uno de los accidentados intentó un descenso a la desesperada con los dos piolets, pero cayó al vacío. Su acompañante intentó salir de la angustiosa situación, pero ya sin piolet, acabó también despeñándose. Estas circunstancias reverdecen, inevitablemente, el recuerdo del accidente de Los Faquires. Abain y Alfonso tampoco vivaquearon ante la situación meteorológica adversa, como lo sugiere el hecho de que en sus mochilas aparecieron diferentes prendas de vestir que habrían empleado de haberse cobijado. Durante una semana se buscaron sus cuerpos. Infructuosamente. Se emplearon todo tipo de recursos y medios de sondeo de avalanchas para garantizar una búsqueda concienzuda. Participaron en el intento de rescate la mayor parte de las unidades de montaña de la Guardia Civil destacadas en la cordillera Cantábrica. A las labores de búsqueda se sumaron montañeros voluntarios de Palencia, Burgos… Y no faltó el concurso de helicópteros de la Guardia Civil y Junta de Castilla y León.
Pero Curavacas había quedado sepultado bajo un copioso manto de nieve. En tales circunstancias la búsqueda parecía ilusoria, y se interrumpieron las labores de rescate. No obstante, se sucedieron expediciones mensuales para revisión del terreno. También en vano. La recuperación de los cadáveres no se produciría hasta muy avanzado el verano, cuando Curavacas liberó sus escarpes de una parte de la nieve que los cubría. El día 31 de julio de 1996 se localizaron, al pie de la pared Norte, los cuerpos de Abain y Alfonso, que fueron cubiertos y transportados al helicóptero que los evacuó. Este accidente tuvo una extraordinaria repercusión en los medios de prensa regionales.
También en esta oportunidad se produjeron turbios e infundados rumores, que sugerían que los montañeros se habían fugado y no se encontraban en la montaña. Se llegó a consultar a una vidente, quien aseguró haber visto a los accidentados comiendo chocolatinas en una cueva del Collado del Hospital –se rastreó la zona para apurar la posibilidad de que esta absurda sugerencia permitiese su localización-. En septiembre de 1996 se instaló en el lugar donde apareció uno de los cuerpos, en la cara Norte de Curavacas, la Cruz de los Burgaleses. Un vecino de Vidrieros, Javier Moreno, fue el artífice de su colocación. Los padres de Abain y Alfonso y un hermano de este último ascendieron con Javier a través de Pineda. Hermanas y cuñados de Abain, acompañados por Pepe Quintana –montañero burgalés que había participado en el rescate- hicieron cumbre y descendieron por la vertiente Norte.
El tiempo pasa inexorable y la Cruz se va deteriorando. Primero se caen las letras poco a poco y finalmente la fuerza de la nieve en invierno la arranca de su lugar y la deposita en la pedrera decenas de metros más bajo.
Se consulta a la familia y el día 6 de julio de 2024 se baja la cruz para su restauración y se coloca en su lugar una pequeña y discreta placa de recuerdo.
Finalmente el día 20 de septiembre de 2025 un numeroso grupo de amigos y familiares de Abain y Alfonso colocan la cruz, ya restaurada, en el «mausoleo» junto al cementerio de Triollo, lugar donde ya se colocó hace años la Cruz y la Placa de Los Faquires.




















































