Selección de unas pocas fotografías del trekking del Baltoro de 2016.

El trekking del Baltoro es uno de los recorridos de montaña mas espectaculares del planeta, uno de los grandes treks del mundo; incomparables paisajes de montaña y por supuesto el K-2. Un trekking para los amantes de las grandes montañas de la tierra.

En esta ocasión remontamos el glaciar del Baltoro hasta Concordia. Desde aquí hicimos una visita de un día al campamento base del K-2, para luego remontar el glaciar Ali y acometer la etapa reina del recorrido, el paso del Gondogoro La.

Finalmente en otras tres etapas alcanzamos la aldea de Hushe, punto final del recorrido caminando.

Eloy, Enrique, Fernando, Francisco Javier, Jorge, Juan Antonio, Maria Jose, Puy, Pedro, Vicente y Tente.

A continuación reproduzco el texto que escribió Maria Jose al regreso del viaje:

Trasteando en el disco duro de mis sueños, Pakistán paso de la carpeta de imposibles a la de inminentes, una quimera durante tanto tiempo aplazada tomaba forma de proyecto.
Cuando uno toma la decisión de viajar a Pakistán, al Karakorum para ser concreto, siente que entra en un estado de esquizofrenia emocional, la irreprimible impaciencia por conocer la cordillera por excelencia y la inseguridad de visitar un país que pertenece a otra galaxia, solo te puede entender, quien comparte esa pasión “cuasi” patológica por las montañas.
Pakistán es un país trazado a golpe de tragedia, dramatismo y excesos desde su origen y el Karakorum como todas las montañas, también; Es el producto del choque lento y violento de dos continentes, que permite que el fondo del mar se eleve hasta los ocho mil metros.
Por eso, cuando estas dentro, te sorprende el carácter amable de los pakistaníes, a pesar de lo poco acostumbrados que están al turismo, la mano tendida de los niños mientras te saludan “السلام عليكم” As salam Alicom y ese “tempo” que les permite ver pasar la vida en cuclillas, decorar los camiones como si fueran templos barrocos y aceptar cualquier contingencia, natural, humana o divina, con un temple sereno y sin perder la sonrisa, mientras dicen “Iaw sha’ a Allah” ,Si Dios quisiera.
No somos ajenos a esa creencia, nosotros también pensamos, ojala tengamos buen tiempo y podamos ver las Torres Trango, ojala nos permita ver el K2, ojala nos deje pasar el Gondogoro-la, ojala salga el avión de Skardu para Islamabad, ojala, ojala, ojala. ¿A quién encomendamos nuestra suerte?
De Madrid a Islamabad hay más de ocho mil kilómetros de distancia física y casi dos siglos de distancia cultural.
Todo es tan intenso que los sentidos se saturan, el olor a especies y gasolina poco refinada, el sabor picante, el ruido del código de claxon que sustituye de forma eficaz a las señales de tráfico y que marca su propio código de circulación, la vista de ríos salvajes capaces de moldear de forma caprichosa al granito o de montañas orgullosas, asediadas por la élite del alpinismo, que pueden estar más de dos años, sin permitir que nadie pise su cumbre.
Aproximarte a la montaña, es ya en si una aventura, te hace desearla con impaciencia, la distancia no se mide en kilómetros, sino en horas y aun estas, pueden duplicarse, triplicarse o quintuplicarse, en función de los derrumbes, afluencia de los torrentes o cambios de ruedas que surjan en el camino y del estado del tráfico de la KARAKORUM HIGWWAIL; Es el primer paso para aclimatarse al ritmo Baltoro.
Desde el momento en que te implicas en el proyecto, empiezas a disfrutar del viaje, haces el recorrido mil veces a través del mapa, intentas imaginar cuales serán tus necesidades para organizarte, pero no quiero ver fotos, quiero verlo por primera vez, quiero que mis sensaciones, mis emociones y mis sentimientos sean de la misma magnitud y con la misma pureza que el lugar que los provoca.
Una vez en Skardu, ya estás geográficamente cerca del comienzo, pero ya se encarga la burocracia de entrenar tu paciencia, entrenas el “modo Baltoro”, lo que era a las 12, será a las 4, lo que parece inminente, será pronto, o no tan pronto, pero al final será.
Tienes tantas ganas de empezar, que das por bien empleado un viaje de vértigo, de noche y con una conducción más que sospechosa, por un conductor glotón, con el cual en tu ambiente, no te montarías ni en los coches de choque. A cambio las vistas del valle de Shigar, con la luz del atardecer, te hacen desear ser parte del mismo paisaje, quieres que el valle se sienta cómodo en tu presencia, quieres sentir, luego ya pensaras, ahora solo quieres sentir.
El modo Baltoro también implica, petate, tienda, saco, compañeros de viaje y vida nómada, con cabra y gallinas incluidas, y todo esto en el Karakorum, para mí, más que suficiente para sentirme dentro de una aventura.
Te sitúas en el mapa, te sientes una extraña, el rugido del río parece interrogarte, sientes que la montaña te prueba, necesita saber si puede confiar en ti. Tu intentas confundirte con ella, aligeras la mochila, abandonas: orgullos, vanidades, soberbia y sapiencia y sientes que la montaña te reconoce.
El sonido de su torrente te arrulla, se convierte en la banda sonora que llena de vida tus silencios, sus torres te saludan, se esconde, se endomingan cubriéndose de nubes o te dan las buenas noches con un guiño de cálida luz. Las catedrales te dejan cobijar en su sombra y la Torre Muztagh, se exhibe orgullosa vestida de novia.
Todo va “in crecendo” con una armonía intensa, que al llegar a Concordia estalla en un llanto dulce, sereno, pero intenso, te sientes parte de algo tan impresionante, que de nuevo, solo quieres sentir, ya pensaras, ahora solo quieres sentir.
Un esfuerzo para estar un poco más cerca del Olimpo, campo base del Broad Peak, del K2, aproximarse al circo de los Gasherbrum, yo me quiero quedar aquí. Pero no se puede viene mal tiempo y hay que pasar el Gomdogoro-la, esto debe ser lo que la Biblia describe como la expulsión del paraíso.
Para ser justos fuera del paraíso no se está del todo mal, impresionante glaciar del Saltoro, la esbeltísima elegancia del Laila Peak, agujas terminadas en cola de pez, que desafían la gravedad y pueblos llenos de niños ruidosos, curiosos y casi tan sucios como simpáticos.
Husé, nos da la oportunidad gracias a “Sarabastall” de colaborar en una jornada de formación de profesores del valle, y de conocer y disfrutar con uno de los porteadores de altura míticos “litel Karim” que se siente tan orgulloso de haber estado más de 40 veces por encima de 8000 m, como de todos los países del mundo que ha podido visitar gracias a sus amigos.
De vuelta a la civilización, con todos tus sentimientos y emociones a buen recaudo, ahora empieza el tiempo de pensar.
Como decía el guía Gastón Rébuffat “La atracción de las montañas, es la del misterio, la de los sueños producidos por un mundo encima del mundo, un universo estéril, hecho para la felicidad de quienes no se nutren solo de lo material, sino que alimentan su corazón”
El Baltoro es uno de esos lugares que se encuentran en el territorio del misterio, que nutre en profundidad tu corazón, a cambio, te cobra un impuesto emocional, se queda con parte de tu alma, con la esperanza de que regreses a buscarla y seguir cautivándote. Su belleza es abiótica, modelada en cristales de agua azul y minerales de mil colores, fría, esbelta, grandiosa en sus agujas y en sus picos, en equilibrio dinámico y apariencia inmóvil, perfecta.
¿Perfecta?
Si, con una perfección casi humana, porque también el Baltoro trata de ocultar sus debilidades, en forma de pequeños lagos donde al agua ya no es cristalina, ni azul, en grietas que intenta maquillar con la nieve, en las arrugas que han dejado los glaciares cuando eran más jóvenes, en el grito de dolor de los torrentes por el que se le escapa la vida, y esa coquetería con la que se adorna con sus penitentes.
En el fondo el Baltoro, sabe que sus montañas no solo son grandes, sino fundamentalmente, “grandiosas” pero ese carácter únicamente lo alcanzan cuando alguien mirándolas, es capaz de sentirlo.
Escribía Baltasar Gracián hace 400 años “Hay que saber repartir la vida con sabiduría, y no como vengan las cosas, sino eligiendo con previsión”.
Sin descansos la vida es penosa, igual que un largo camino sin posada. Es más dichosa con una erudición variada. La primera jornada de la hermosa vida debe gastarse en hablar con los muertos: nacemos para entender y entendernos, y los libros nos hacen fielmente personas. La segunda jornada debe emplearse en los vivos: ver y guardar todo lo bueno del mundo. No todo se encuentra en una sola tierra: el Padre Universal repartió las dotes y a veces hizo rica a la más fea. La tercera jornada debe ser toda para sí mismo, filosofar es la última felicidad.
Un buen amigo, algunos libros, viajes especiales, son como una vida dentro de la vida, como si te trasladaras por un agujero de gusano a otra dimensión paralela; Tu eres la misma, pero los códigos y los valores no son iguales y la gama de colores que te permite matizar tus emociones, sentimientos o sensaciones es mucho más rica, para bien y para mal.
En estas vidas paralelas también aplico los consejos que recomienda Gracián en el “Arte de la Prudencia”: elegir mi destino, aprender de los libros, aprender de los vivos y de la experiencia y el placer de filosofar, como última felicidad, para seguir disfrutando de la aventura.
Tras este desvergonzado ejercicio de estriptis emocional, mil gracias a todos aquellos que me habéis acompañado en esta aventura, de forma virtual y por supuesto a mis magníficos compañeros reales.

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