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DIARIO DE LA EXPEDICIÓN 1999
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Cuaderno de bitácora de la expedición
ÚLTIMO COMUNICADO
Creo que alguien dijo alguna vez (y si no lo expresó nadie, debería al menos de haberse insinuado) que la felicidad no es un valor absoluto, los sentimientos de máxima placidez debemos de buscarlos en nosotros mismos. Y los amantes de la Naturaleza y del mágico mundo de las montañas, encontramos los mejores y más intensos placeres luchando a brazo partido con todo tipo de montañas, siendo para muchos el Everest la perla de la Corona.
Las condiciones han cambiado sensiblemente respecto a anteriores comunicados. Ahora me encuentro sentado cómodamente frente al ordenador, la temperatura de la habitación es agradable, el sol ya se ha ocultado y la noche ha extendido su negro velo sobre la ciudad, pero aquí esto es inapreciable, y casi irrelevante ..., ha llegado el momento de las valoraciones...
La Expedición Samuel Rubio al Everest 1999, partía del aeropuerto de Barajas en la ya lejana fecha del 24 de agosto. Atrás quedaban los largos preparativos, obtención de los recursos económicos y de los permisos necesarios del Gobierno del Nepal, reconocimientos médicos, entrenamientos, confección de largas listas de material y equipo así como su posterior adquisición, gestión de permisos laborales, alta logística y un largo etcétera.
Las diligencias iniciales en Kathmandu dieron rápidamente su fruto y pronto nos encaminamos hacia la montaña; después de una semana de marcha de aproximación, el 6 de septiembre se alcanzaba el Campamento Base, a 5.300 metros de altitud, en el que ya se encontraban algunos de nuestros sherpas que trabajaban desde hacía más de diez días en la cascada de séracs del Khumbu. Todo el mes de septiembre estuvimos bajo los efectos del monzón, y en más de un mes la nieve nos acompañó de forma diaria. Algunos días amanecía con todo el Campamento Base completamente cubierto de una capa de nieve que tenía tanto de hermosa como de problemática, otros recibíamos la llegada del nuevo día con un cielo despejado en que al llegar la tarde la nieve hacía acto de obligada presencia de forma ineludible. No obstante, a pesar de ser la única Expedición que operaba en esta época en la vertiente Nepalí del Everest, se trabajaba a buen ritmo y nuestras cuerdas iban abriéndose poco a poco camino hacia el cielo.
A finales del mes de septiembre, después de días de incertidumbre, llegábamos a superar la barrera de los 7.500 metros, en el paraje denominado como las Bandas Amarillas en la inclinada ladera del Lothse.
Todo hacía presagiar un feliz desenlace, la cumbre casi se podía tocar con los dedos y siete de los nueve expedicionarios habíamos superado los 7.100 metros, el Campamento II (a 6.500 metros de altitud) estaba perfectamente avituallado para soportar un largo asedio y en el se hallaba depositado todo el material necesario para un ataque a la cima. A pesar de las fuertes dificultades la esperanza de hacer cumbre cada vez se hacía más real.
Un descenso apresurado desde el Campamento II a causa de la enfermedad grave de Onchu, uno de nuestros sherpas, a quien hubo que bajar hasta el Campamento Base, se vio seguido de un largo período de mal tiempo que imposibilitó cualquier tentativa de ascenso.
Agotadas nuestras posibilidades a causa de las persistentes inclemencias, tuvimos que renunciar a nuestro empeño con un sabor agridulce en nuestros corazones, de una parte con la rabia contenida pero hiriente de tener que dejar aparcada la materialización de nuestros sueños, pero con la conciencia tranquila de quien sabe apreciar el valor del trabajo bien hecho con la firme convicción del deber cumplido.
Recogido nuestro Campamento Base, descendimos mirando de vez en cuando a nuestra espalda hacia el Everest que se nos mostraba arrogante y altivo adornado, como si se burlara de nosotros, pobres mortales, con un cielo límpido como pocas veces habíamos contemplado.
Pero efímera mejoría. Pocos días después celebramos nuestra decisión de abandono cuando el tiempo volvió a empeorar y sometió a esta zona del Himalaya a unas condiciones tremendamente agresivas que propiciaron, no sólo la imposibilidad de progresión a todas las Expediciones que se encontraban dispersas en distintas montañas, sino un dramático final para muchas de ellas ocasionando más de 18 víctimas mortales en distintas cumbres.
Con la llegada a España el 30 de octubre se terminaba nuestra aventura, una epopeya preñada de acontecimientos, de incertidumbre, de sentimientos encontrados, ..., en definitiva, una empresa que formará parte de los momentos más intensos que quedarán para siempre en nuestras vidas.
La imagen de Jaime Rubio, el verdadero padre de esta Expedición, siempre gravitó por encima del Campamento Base, y al igual que en sus inicios él creyó en esta Expedición y fue capaz de ponerla en marcha, también fue la primera persona que conoció en el momento preciso nuestra decisión de abandonar la montaña. La sombra de su padre Samuel Rubio, presidió nuestras decisiones y vigiló nuestros pasos por encima de nuestras cabezas, superando incluso la altura del Everest, sin duda velando por nuestra seguridad.
La Junta de Castilla y León con su Presidente Juan José Lucas a la cabeza asistido por los responsables de Educación y Deportes, así como Caja España, Dragados Construcción P.O.,S.A., Retecal, Kenwood, Turbofil, Resay y otras empresas privadas, así como sus dirigentes, fueron no solo los responsables del soporte económico de la Expedición, sino el punto de referencia en el que la Expedición Samuel Rubio al Everest 99 encontró en todo momento el respaldo imprescindible.
Galo Senovilla desde Caja España y Cristino Torío con las páginas en Internet, se encargaron de tener informada a la opinión pública y mantener el hilo del interés en una cota tan elevada que no encuentra parangón en el deporte del montañismo en nuestra Comunidad a lo largo de la historia.
En el frío y desolado emplazamiento de nuestro Campamento Base, los mensajes de apoyo enviados por Internet, de las más opuestas procedencias, sirvieron para calentar nuestro corazón y para darnos unos ánimos de los que en ocasiones éramos deficitarios. Detrás de ellos había mucha gente. Familiares y amigos, seres queridos o entrañables y en muchas ocasiones desconocidos por nosotros que se integraron en un nexo tan lejano y tan cercano a la vez que consiguió el que muchos sentimientos vibraran a la vez a pesar de la enorme distancia.
Estuvimos tan cerca que casi pudimos tocar el cielo con los dedos. Ahora, ya en nuestras casas, nos queda una larga tarea. Trataremos de acercar más a todos los interesados a las gigantescas montañas del Himalaya y a sus gentes con nuestros conocimientos y con nuestras imágenes y comentarios.
Castilla y León dispone de un increíble marco geográfico con espectaculares montañas que conforman un hermoso e imponente terreno de juego para la práctica del montañismo y tanto las jóvenes generaciones como las que no lo son tanto tienen la enorme suerte de tenerlas a su alcance. La práctica del montañismo permitirá a todos sus adeptos el ser mejores como deportistas pero también serán, sin lugar a dudas, mejores como personas.
En nombre de los patrocinadores y de todos los expedicionarios os envío un cálido abrazo que encierra sentimientos que ni el riguroso frío de las altas montañas del Himalaya ha conseguido refrescar lo más mínimo.
Donde haya una montaña encontraréis a un ser empeñado en alcanzar su punto culminante con el único objeto de progresar, para una vez alcanzado su objetivo retornar sin demora al punto de partida. Esta fijación trasladada a todas las manifestaciones de la vida, es lo que define al ser humano.
¿Volveremos al Everest? Indudablemente la pregunta flota bamboleada por el viento... y allí es donde debéis buscar la respuesta.
Isidoro
Noviembre de 1999
20 de octubre de 1999. Kathmandu.
Llueve..., como reza la canción de Serrat ... detrás de los cristales llueve y llueve. La tierra, aún no recuperada de los efectos del monzón, se ve desbordada ante la cantidad de agua que está cayendo y la acumula en infinidad de charcos. El aire huele a humedad y nosotros también. La vida continúa ...
Estamos en Kathmandu, y aquí, al igual que en el resto del país, la torre de Babel que conforma el revoltijo de etnias, culturas y religiones, hace el que el vivir sea algo sencillo, hermoso y gratificante. Cada cual circula por su propio carril sin molestar ni ser
molestado dentro del espíritu de tolerancia que flota en el ambiente.
Hemos descendido desde el Campamento Base del Everest en varias jornadas en las que el entorno presentaba algunas modificaciones respecto a la subida. Ahora, a pesar de que el tiempo no es bueno, hay infinidad de personas de todas las nacionalidades que suben por los empinados caminos dentro de la organización de los trekkings en busca de las emociones que proporciona el encontrarse ente las montañas más elevadas de la Tierra, y quién sabe, si hay suerte podrán ver el Everest, llamado Chomolungma por los tibetanos y los sherpas y Sagarmatha por los nepalís. También se encuentran viajeros solitarios como un catalán llamado Israel que hace 13 meses que salió de Ciudad del Cabo, y pedaleando con su bicicleta más de 17.000 km, recorrió África por el este y aquí le tenemos (aunque ahora las condiciones orográficas le han impuesto el dejar su vehículo aparcado momentáneamente en Kathmandu); aún dispone de otros seis meses más para seguir por Asia.
Impactante para nosotros ha sido la llegada a Namche Bazar de un nutrido grupo de tibetanos. Con sus yaks cargados de mercancías de bajo coste procedentes de China, su piel curtida por el frío de las alturas, y con sus indumentarias y equipo que nos hacen retroceder en el tiempo varios siglos, han atravesado, después de más de una semana de larga singladura, el Chola Pass, collado situado a 5.700 m, siempre ocultándose de las fuerzas de ocupación chinas y de las avalanchas que barren sin piedad los caminos que sólo están marcados en el viento que pasa de un lado al otro. Durante un tiempo venderán sus mercancías en la capital del pueblo sherpa, antes de retornar a su tierra de donde regresarán en reiterativa operación que durará toda su vida.
En esta región del Khumbu el oficio con más aceptación es el de transportista. Los sherpas se pasan la vida ascendiendo, pesadamente cargados con todo tipo de mercancías, hacia los poblados más altos, a los que acceden después de varias jornadas caminando por pendientes senderos. Todo el aprovisionamiento se hace en estas tierras a la espalda. No existe ningún tipo de transporte rodado.
En Kathmandu seguimos con nuestras gestiones de tipo burocrático, interrumpidas estos días por haber un largo período de fiestas correspondientes al final de año newari al que se apunta el resto del país. Trámites con el gobierno, facturación del cargo aéreo, etc, ocuparán nuestros próximos días hábiles.
Las heridas se van cicatrizando con el tiempo, pero son las del corazón las que nunca se cierran del todo. Las imágenes de lo que hemos vivido forman ya parte de nuestro patrimonio íntimo, aunque nuestro deseo es el compartir lo que podamos con todos aquellos que han seguido de cerca nuestra aventura.
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10 de octubre de 1999
Luce el sol, pero el viento helado, presagio del invierno del Himalaya, nos hace estar al sol con los plumíferos puestos. Las cumbres presentan unos impresionantes penachos blancos que además de adornar sus cabezas nos indican los vientos desatados que hay en altura. En el Campamento Base nos dedicamos a empaquetar nuestras cosas en los bidones mientras en nuestros corazones están ya empaquetadas las ilusiones con las que llegamos hace más de un mes.
Estos días el correo vía Internet nos ha traído una interminable serie de mensajes de ánimo alabando nuestra decisión, lo que conforta nuestro espíritu, aunque no logra doblegar nuestra rebeldía al sentir lo cerca que teníamos la cima y cómo el mal tiempo hizo añicos nuestros planes.
En las próximas jornadas nuestra vida será más sencilla, tenemos que descender cerca de un centenar de kilómetros en varias etapas, hasta tomar el avión en Luckla para que éste nos traslade a Kathmandu, y pasaremos por los pueblos y aldeas habitadas por el mítico pueblo sherpa.
Todavía, desde la capital del Nepal, intentaremos enviar algún comunicado más para que continuéis con nuestras vivencias en este pequeño país asiático.
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7 de octubre de 1999
Es muy duro el tener que renunciar a algo con lo que se ha soñado muchos años, que se ha organizado minuciosamente durante
meses y meses quitando muchas horas de sueño, y que durante muchos días se ha trabajado duro in situ, pero la realidad de la
situación impone la solución y llega un momento que hay que tomar una decisión definitiva aunque ello no nos guste.
Nuestra Expedición se inició con un problema inicial, que por inusual circunstancia, ha sido la única que ha operado en la
vertiente Nepalí del Everest en la época postmonzónica de este año. Ello ha implicado el que los costes hayan aumentado y lo
que es peor, que la tarea de abrir huella en la nieve reciente, el colocar las cuerdas fijas, etc., haya recaído exclusivamente
sobre nuestro grupo.
No obstante la progresión ha sido continua y así conseguimos alcanzar las Bandas Amarillas, situadas en la pared del Lhotse, a
7.500 metros, dentro de la planificación inicial. En ese momento siete de los nueve miembros del equipo expedicionario
habíamos pasado de los 7.100 metros y algunos en varias ocasiones. La aclimatación era perfecta y todo estaba dispuesto
para la última fase de la Expedición.
La enfermedad de un sherpa en el Campamento II, a quien hubo que bajar al Campamento Base en una operación conjunta de
sherpas y expedicionarios, dio paso a un largo e inusual período de mal tiempo que además de impedir cualquier acción en la
montaña, cargó de nieve la misma, dejándola impracticable en los próximos días a la par que extremadamente peligrosa. De
una parte las grietas, cuya boca se encuentra tapada por la capa de nieve ocultándolas y dispuesta a hundirse al pasar sobre
ellas, de otra las cuerdas fijas instaladas después de laborioso trabajo que han sido sepultadas, además de el gran riesgo de
avalanchas en la inclinada pared del Lhotse por la cantidad de nieve acumulada, además de la falta de tiempo, sólo quedan diez
días para iniciar el descenso han hecho que, muy a pesar nuestro, hayamos tenido que tomar la decisión de abandonar la
montaña. En el alpinismo hay que combinar sabiamente las dosis de audacia y decisión conjuntándolas con la necesaria
prudencia y buen juicio para poder seguir vivo.
Nuestra conciencia colectiva está tranquila porque hemos luchado todo lo que la montaña nos ha dejado, y dentro del
pesimismo que reina en todos nosotros, creemos cumplir la primera premisa que nos impusimos al comienzo de esta
Expedición: VOLVER TODOS Y CON TODO.
Hoy, 7 de octubre de 1999, la EXPEDICIÓN SAMUEL RUBIO EVEREST99 DE CASTILLA Y LEÓN, ha decidido,
unánimemente entre todos los expedicionarios, previa consulta a nuestro shirdar, jefe de los sherpas, el abandonar el intento de
ascensión al Everest a causa del persistente mal tiempo que ha agotado nuestros días hábiles y a la peligrosidad de avalanchas
por la nieve recién caída.
Ahora, en los próximos días, queda el desmontar con sumo cuidado los Campamento I y II, dejando para siempre sepultadas
nuestras cuerdas fijas y lo que hay en el Campamento III para poder regresar a nuestras casas en los últimos días del mes
después de arreglar todos los asuntos burocráticos.
Nuestros sherpas, no se si tratando de alegrarnos, nos indican que formamos un grupo muy fuerte y que en otras
circunstancias, sobre todo climatológicas, no hubiéramos tenido ningún inconveniente en alcanzar la cima más elevada de la
Tierra, un gran número de los integrantes de la Expedición.
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4 de Octubre de 1999, víspera de San Froilán.
Los días pasan lenta pero inexorablemente mientras las duras condiciones climáticas que hacen infructuosa cualquier tentativa de trabajo en la montaña, nos condenan a la dura estancia en las desoladoras morrenas del glaciar del Khumbu donde está instalado nuestro Campamento Base.
Nuestros planes iniciales se van desmoronando día a día, la nieve no deja de caer y las huellas de nuestros pasos por la cascada de hielo del Khumbu, por el valle del Silencio y por la pared del Lhotse, han sido sepultadas al igual que nuestras cuerdas fijas y las escaleras, por cerca de un metro de nieve.
En este momento, a la casi imposibilidad de ascender, se añade el latente peligro de las grietas cuyas bocas se encuentran tapadas por la nieve reciente, que se convierten en trampas mortales.
Aún nos quedan dos semanas en las que nuestra voluntad de lucha sigue intacta, nuestras condiciones físicas son buenas (aunque tenemos a dos sherpas fuera de combate), la alcimatación es la correcta (siete de los nueve expedicionarios hemos pasado de los 7.100 metros de altitud),... pero hay algo contra lo que no podemos luchar, y es en contra de las adversas condiciones atmosféricas que se encuentran presentes en estos momentos.
La vida en el Campamento Base se hace monótona y desesperante, y sólo el gran compañerismo que reina entre todo el grupo expedicionario hace esto largos y duros momentos medianamente soportables.
Somos conscientes que hay mucha gente detrás de nosotros, que confían en que lleguemos a la cima del Everest. En estos momentos la situación no es buena, pero seguiremos al pie del cañon mientras exista una pequeña posibilidad de alcanzar nuestros sueños, aunque siempre teniendo en cuenta la necesaria prudencia que permita el que regresemos todos a nuestras casas.
Isidoro
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2 de octubre de 1999
UN DÍA EN EL CAMPAMENTO BASE DEL EVEREST, A 5.300 M DE ALTITUD
Desgraciadamente no es sólo un día el que debemos de pasar anclados al Campamento Base, en ocasiones la inactividad está regulada por el necesario descanso después de haber estado batallando en cotas superiores, en otras es la propia estrategia del trabajo en grupo, pero las más, son las impuestas por los períodos de mal tiempo.
Hoy es 2 de octubre, y como en la mayoría de las ocasiones, nuestros planes no se han podido llevar a la realidad, así que voy a aprovechar la ocasión para que nuestros lectores puedan acercarse al quehacer normal en el Campamento Base en una de estas jornadas.
4 a.m. Se oye el reuido de nuestros sherpas y del personal de cocina que se han levantado. Yo abro la cremallera de la tienda de campaña y la imagen que se muestra ante mis ojos tiene tanto de descorazonadora como de hermosa. Las ondulaciones que conforman nuestro entorno en esta morrena glaciar en la que nos encontramos, se encuentran tapadas de nieve al igual que nuestras pequeñas tiendas, en un inútil intento de igualar el desigual y anárquico terreno. El contrapunto a la oscura noche es el suelo cubierto de una cuarta de nieve. Todo es quietud y silencio.
Hasta los constantes aludes de las montañas de alrededor han cesado como queriendo contribuir a este apagado ambiente. Los sherpas no pueden salir hacia arriba como era su propósito y vuelven a recogerse en sus tiendas.
8,30 a.m. Ya hace bastante rato que los hornillos de la cocina ronronean y algunos sherpas y expedicionarios deambulan entre sus tiendas y el comedor. Cancha, uno de nuestros kitchen-boys, ya ha colocado encima de una piedra cubierta de nieve, una pequeña palangana de aluminio con agua caliente para que podamos lavarnos. Dentro del comedor, los omnipresentes tres grandes termos de fabricación china con agua, té y leche calientes nos esperan; galletas, mermelada, miel y hoy un huevo duro completan nuestro desayuno.
Luego, cada uno se entretiene en distintas ocupaciones, unas comunales como sacar el barril de la cerveza que nosotros mismos fabricamos, en busca de de los pocos rayos de sol que podemos captar para que tenga lugar la necesaria fermentación, y los otros en acciones más personales como lavar la ropa, algún valiente incluso se ducha, otros visitan con más frecuencia de la deseada el servicio, ...
Es la hora de las visitas. Todos los días un interminable rosario de peregrinos llega al Campamento Base del Everest. Los hay de todas las procedencias, hoy incluso ha llegado una chica madrileña. Dos horas desde Gora Shep traen a los trekkers ansiosos de llegar al Campamento Base, desde el que paradójicamente no se ve la cima más elevada de la Tierra, pero que colma el sueño de muchas personas que pueden fotografiarse y obtener unos autógrafos de unos auténticos alpinistas (que en este caso somos nosotros en exclusividad al ser la única Expedición en esta parte de la montaña).
Como buenos anfitriones, desde el primer día y aunque a veces puede ser fastidioso, tenemos siempre repletos nuestros termos para ofrecer a todo el que llega aquí un refrigerio para reponer las fuerzas para el regreso.
1 p.m. Es la hora del lunch. Además de la comida que nos prepara nuestro cocinero, nosotros aportamos suculentos manjares traídos desde España, el jamón, la cecina, el chorizo y el queso, completan nuestra dieta alimenticia. Hoy Miguel Ángel nos ha preparado además unos deliciosos Spaguetti a la Carbonara que hacen las delicias de todos.
La tarde transcurre lentamente entre el frío que se hace más intenso y las visitas más rezagadas que rápidamente tienen que partir para que no les sorprenda la noche.
Las últimas horas de luz vienen, como casi todos los días, acompañadas de la nieve que golpea rítmicamente las débiles telas que protegen nuestros cuerpos y que nos hacen menos vulnerables a las adversas condiciones atmosféricas.
6 p.m. La noche ya nos ha acogido dentro de sus dominios. Dentro del comedor una bombilla de bajo consumo, alimentada por unas baterías cargadas con placas solares, nos proporciona la luz necesaria. Hoy conectamos nuestro ordenador al teléfono vía satélite para por medio de Internet enviar y recoger los correos electrónicos que nos caomunican con la vida ordinaria, con nuestros amigos, con nuestras familias, con nuestras novias, ¡sí, con nuestras novias!, pues la novia de uno o de otro es también un poco novia de todos.
Y así, con las noticias de casa dentro de nuestros corazones, dando trompicones por el glaciar nos vamos a las 20 horas hacia nuestras tiendas en busca del refugio que nos proporciona el amoroso saco de dormir donde nos encerramos con nuestros inconfesables sueños e ilusiones en espera de que mañana el tiempo nos sea favorable y podamos reanudar nuestra actividad.
El día se acaba pero al iniciarse el siguiente se engendran nuevas esperanzas de que las cosas vayan mejor y que la vida nos sonría dentro de su implacable ciclo.
Isidoro
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Día 30 de septiembre de 1999
Del Blanco al Negro
Si hubiera que poner un título a los acontecimientos que constantemente hacen variar nuestro estado de ánimo, sin duda sería éste: DEL BLANCO AL NEGRO.
Hemos llegado al Campamento Base hacemás de una veintena de días y con mayor velocidad con que las nubes cambian de emplazamiento la zozobra sobre nuestro futuro pasa de las mejores expectativas a los momentos más oscuros.
El día 26 cerraba para nosotros sus horas sumergiéndonos en la más negra oscuridad, no sólo de la noche, sino que los mejores presagios sobre nuestro futuro en el Everest eran descorazonadores. Pero al día siguiente se nos volvió todo blanco, y después de ascender un par de miembros del grupo hasta los 7.150 m, al regreso al Campamento II, comenzó una febril actividad y los sherpas estaban dispuestos a subir al día siguiente con nosotros hasta el máximo punto alcanzado.Y así ocurrió en la jornada del 28, cuatro sherpas y dos expedicionarios salíamos del confort que proporcionan los sacos de dormir cuando el cielo aún estaba oscuro y sólo la luna, compadeciéndose de nosotros, ponía un albo contrapunto en este mundo de oscuridad y silencio. Cuando salíamos de nuestros Campamento II (a 6.500 m), sólo el ruido de los crampones al clavarse en el hielo del glaciar del final del Valle del Silencio, rompía la monotonía de nuestro hermoso y particular entorno. El frío penetraba por el menor resquicio, la temperatura era en ese momento inferior a los 20 grados bajo cero, pero nuestro sofisticado equipo permitía el no preocuparnos demasiado y concentrarnos en nuestro trabajo. Rápidamente ganamos el comienzo de la pared del Lothse con las primeras luces
del alba, y allí la ayuda de las cuerdas fijas instaladas en jornadas precedentes, nos permiten avanzar anclados a la pared de hielo con la correspondiente seguridad. El paso es lento pero se van ganando metros a la montaña. Por fin, una minúscula repisa tallada en plena pendiente, indica que es el emplazamiento del Campamento II, estamos ya a 7.200 m. Subimos otros cien metros más y Miguel Ángel, acompañado de los cuatro sherpas continúa hacia las Bandas Amarillas equipando este tramo con cuerda anclada en el hielo. Se llega de esta manera a los 7.500 m, punto clave en la Expedición.
De regreso en el Campamento Base, todo es alegría, pues seguimos avanzando hacia el punto más alto de la Tierra.
El día 29, el grupo que se encuentra en el Campamento II desciende a descansar al Campamento Base, mientras que el grupo del Base asciende hasta el Campamento II.
Pero por la tarde cambian las tornas y uno de los sherpas del Campamento II se pone repentinamente enfermo y se decide el bajarle al Campamento Base ante la gravedad que parece presentar. Sherpas y expedicionarios hacen un solo grupo y con el enfermo a cuestas comienzan a descender por el valle del Silencio primero y por el peligrosísimo glaciar del Khumbu después.
Ya de noche cerrada, una pequeña hilera de lucecitas descienden por la parte inferior del glaciar envueltos en la nieve que afortunadamente cae débilmente.
Por fin todos juntos podemos cenar en nuestro Campamento Base.
El sherpa enfermo se recupera poco a poco.
Este acontecimiento ha trastocado nuestros planes y ha frenado momentáneamente nuestro avance, pero la integridad de las personas está en nuestra escala de valores por encima de cualquier montaña, aunque esta sea el Everest.
Ahora, volveremos a rehacer nuestros planes para poner otra vez en funcionamiento la logística de nuestra Expedición.
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Martes, 28 de septiembre de 1999
En el campo base, a 5300 m. sobre el nivel del mar, comienzan a entrar nubes desde el valle como todos los dias. Dentro de unos
momentos comenzará a nevar, como todos los dias. La monotonia de la vida en este "piso de abajo" de la expedición contrasta con
lo que sucede 2000 m. más arriba. En este mismo momento Isidoro, M. Angel, Nando, Pura Dorje, Nima Dawa y Onchu Sherpa,
estan a punto de alcanzar las bandas amarillas.
Superar esta franja rocosa significa tener equipada la expuesta pared del Lhotse, principal obstáculo antes de encaminar
todos nuestros esfuerzos a instalar el campo cuatro, situado en el Collado Sur a unos 8.000 m., lugar desde el que lanzar los
ataques definitivos a la cumbre de esta montaña, techo del planeta.
Pero tambien significa atravesar un punto muerto en el que nos habiamos visto anclados debido a las desfavorables
condiciones de la nieve en los alrededores del campo tres.
El día 24 de Septiembre, alcanzamos los 7.300 m. de este campamento, quedando equipada su ruta de acceso con cuerdas
fijas desde los 6800 m. aproximadamente. El hecho de haber alcanzado este punto en tan solo dos días desde la instalación
definitiva del campamento dos, a pesar de las trabajosas condiciones que encontramos debido a la nieve profunda, nos produjo
cierto estado de optimismo, al considerar que el resto de la montaña podria ser una continuidad de estos pocos metros, si
tenemos en cuenta las inhumanas dimensiones de Chomo Longma "Diosa Madre del Universo".
Una pequeña nevada, que en el campo dos no llegó a alcanzar los cinco cm. de espesor, la pausada pero constante labor del
viento que al arrastrar nieve de las zonas altas hacia las bajas borra las huellas y entierra las cuerdas todos los días, y la gran
cantidad de nieve acumulada sobre los 7.000 m.,solo nos han permitido progresar 100 m. en cuatro dias.
Tras las comunicaciones de hoy, a través de la emisora, con el grupo de trabajo; volvemos a hablar de posibilidades de
alcanzar la cumbre.
En nuestras caras, y en las de los sherpas se pueden leer signos de esperanza, pero todos somos conscientes de la absoluta
dependencia de que somos víctimas, la dependencia del viento, del frio, de la nieve, de la altura. En resumen, de la naturaleza
salvaje de esta montaña en la que hemos decidido vivir para intentar alcanzar su punto más alto....8.848 m.
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Viernes, 24 de septiembre de 1999. Campamento Base del Everest en el glaciar del Khumbu (5.300 m).
El cielo está cubierto como todos los días, pero hoy no nieva. Está oscureciendo y el frío del atardecer muerde en nuestros cuerpos que se acurrucan dentro de los amorosos plumíferos buscando algo de calor. La oscuridad comienza a envolvernos mientras hacemos el balance de las últimas jornadas.
Hoy el día va terminando con una sensación positiva, las expectativas son inmejorables pues nuestros compañeros, Tente, Ángel, Nacho y Pedro, que llevan dos noches durmiendo en el Campamento II, junto con algunos sherpas, han equipado la parte inferior de la pared del Lothse y hoy han conseguido llegar hasta el emplazamiento del Campamento III, a unos 7.300 m. Para ello han tenido que anclar un gran número de tornillos de hielo y más de 500 metros de cuerda fija. En jornadas posteriores habrá que equipar dicho campamentos con las correspondientes tiendas, hornillos, etc...
Los sherpas que nos acomañan conjuntan un buen equipo con experiencia demostrada, uno de ellos, Ang Nima ha participado nada menos que en 28 expediciones al Everest.
Los sherpas son una etnia un tanto especial. Procedentes del Tibet y de Mongolia, originalmente su nombre quiere decir venidos del este, los sherpas se asentaron hace ya varios siglos en el Nepal, nación ésta que agrupa un sinfín de diferentes etnias y religiones. Nepal sin duda es un país atrasado, y los siete días de marcha de aproximación a pie que hemos tenido que hacer para llegar hasta el Campamento Base del Everest, justamente en tierras habitadas por los sherpas, nos lo han mostrado de una forma gráfica, no hay carreteras y la rueda se desconoce, pero hay algo que esta nación nos puede enseñar a los occidentales, y es la tolerancia, gentes sencillas, amables y que como en ningún otro lugar del mundo hacen bueno el dicho de vive y deja vivir.
Acompañando a las primeras expediciones europeas a los gigantes de la Tierra (en Nepal hay 1.310 cumbres que superan los 6.000 m, y ocho de ellas superan los 8.000 metros), poco a poco fueron adquiriendo una buena técnica, que unida a su especial aclimatación a la altitud por vivir en lugares por encima de los 3.000 m, les hicieron unos aliados indispensables.
Mañana, día 25, el grupo que ha permanecido arriba descenderá al Campamento Base donde les espera un merecido descanso, y los que estamos en él, Juan Carlos, Nando, Adelo, Miguelo Ángel y yo, saldremos a las 5 de la mañana por la cascada de serács del Khumbu con los temidos pasos de escalera sobre las grietas, para tratar de alcanzar directamente el Campamento II, donde nos instalaremos y desde donde partiremos en las jornadas siguientes para seguir equipando por encima del Campamento III hacia el collado Sur, alrededor de la mítica altura de los 8.000 metros.
Gracias a las comunicaciones por Internet nos enteramos de la expectación que esta Expedición ha generado y agradecemos a todos el interés que demuestran por este pequeño grupo de Castellano y Leoneses que intentamos hacer ondear nuestra bandera en el techo del mundo.
Isidoro
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22 de septiembre de 1999
Antes de que amanezca, cuatro expedicionarios y algunos sherpas ya se han puesto en marcha entre las luces y las sombras. La cascada de seracs del Khumbu está formada por los interminables derrumbes del glaciar que se acabalgan de forma desordenada y caótica conformando un increíble laberinto que tiene tanto de hermoso como de peligroso. El buen quehacer de los sherpas, la cuerda y las escaleras instaladas y la experiencia acumulada por los expedicionarios a lo largo de múltiples escaladas en las más diversas montañas del mundo, hacen que el riesgo se minimice y la progresión sea posible.
En el momento de escribir esta crónica, comunicamos desde el Campamento Base con el grupo de ataque que acaba de llegar al Campamento I, a los 6.000 metros del altitud, y nos indican que continuarán hasta el Campamento II (6,500 m) tal y como estaba previsto, a pesar de que la nieve recién caída dificulta el avance y ha enterrado las cuerdas fijas.
Mientras tanto en el Campamento Base el resto del grupo nos ocupamos de trabajos menos prosaicos.
El Everest sigue atento a nuestros movimientos, vigilando nuestras acciones, siendo cada vez más familiar para nosotros, pero el tiempo sigue corriendo...
La tecnología hace la vida en el Campamento Base mucho más llevadera, además de proporcionarnos una gran seguridad en caso de que ocurriera un percance.
Gracias a la colaboración de Retecal hemos montado cuatro placas solares que nos proporcionan la energía necesaria para tener cargadas cinco baterías que se encargan de alimentar diversos aparatos eléctricos. Las comunicaciones externas están cubiertas por un teléfono vía satélite que con la ayuda de dos ordenadores nos permite tener conexión con nuestro país vía Internet. Así se ha posibilitado el envío de comunicados y fotografías obtenidas con una cámara digital, a la vez que hemos recogido el envío de más de doscientos mensajes de apoyo de los lugaresmás diversos, así como cartas de nuestros amigos y seres queridos que hacen más llevadera nuestra estancia en este inhóspito lugar del planeta.
Gracias de la empresa Kenwood, hemos instalado una red de comunicación interna. En el barracón comedor está en funcionamiento una emisora en línea directa con los talkis (cada expedicionario tiene uno, así como el jefe de los sherpas, además de otro que hay en el Campamento II alimentado por una placa solar).
Como puede verse, la logística está perfectamente acomodada a las necesidades, los sherpas son un grupo experimentado, los expedicionarios están plenos de ánimo y de fuerza, la aclimatación va desarrollándose según los planes previstos,...
Tan sólo aquello que no podemos controlar, como las condiciones climatológicas, podrá impedir que logremos cumplir nuestro sueño de alcanzar con nuestros pies lo que tenemos en nuestra mente, el llegar al punto más elevado de la Tierra.
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21 de Septiembre de 1999
La noche con su velo negro negro se va extendiendo por las tierras más bajas y poco a poco va ascendiendo ocultando los glaciares, las montañas y llegando a ennegrecer hasta el azul del cielo.
La nieve cae cadenciosamente y con rapidez un manto blanco va cubriendo nuestro Campamento Base. Las piedras, los bloques de hielo, las tiendas no son sino unos resaltes blancos que la luz de la linterna hace destacar como suaves lomas.
Cuando en nuestros lugares de origen, distintas localidades de Castilla y León, es aún de día pues son las cuatro de la tarde, aquí, a 5.300 metros de altitud, la jornada ha finalizado para nosotros y cada uno se refugia en sus propios pensamientos, que en ocasiones están muy lejos de aquí, y en el calor y la confortabilidad que nos proporciona nuestro saco de dormir.
La noche es larga, a veces demasiado larga. De música de fondo se oyen los copos de nieve que invariablemente todas las noches golpean las finas paredes de nylon de nuestras tiendas como si de un interminable lamento se tratara. De vez en cuando un alud que se desprende de las paredes del Pumori o del Nuptse rompe la la monotonía y nos devuelve a la realidad del lugar en el que nos encontramos.
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Lunes, día 20 de septiembre de 1999. Mientras en nuestras ciudades de origen la mayor parte de la gente aún duerme, aquí en
el Campo Base del Everest todo es bullicio, alegría y luminosidad. El día es espléndido y mientras unos se duchan, otros nos
sorprenden haciendo deliciosos postres para la hora de comer y algunos aprovechan el tiempo para sacar al sol sus cosas, la
electrónica tiene su momento y con música brasileña de fondo escribimos esta crónica.
Ayer ha bajado el último contingente de la parte alta de la montaña, el balance es el siguiente: Todos los expedicionarios han
pasado ya al menos una noche por encima de los 6.000 metros de altitud, en una tienda instalada en un serác entre un laberinto
de grietas. Más de la mitad han alcanzado los 6.500 m donde está ya instalada una tienda que servirá como refugio en el
Campo II. La salud y la aclimatación de todos es excelente. Mañana los sherpas subirán con cargas para dejar abastecido el
Campo II y comenzar los trabajos en la pared del Lothse que nos conducirán al Collado Sur, alcanzando así la mítica altura de
los 8.000 m, y puerta clave para el acceso a la cima. De momento todo se va desarrollando según los planes previstos de
antemano. El tiempo parace que va mejorando, y a pesar de que no hay día en el que las nubes nos
abandonen, ayer no nos ha nevado de forma apreciable en el Campamento Base.
Ya hemos pasado los nueve expedicionarios en cuatro ocasiones (dos de subida y dos de bajada) la laberíntica y peligrosa
Cascada de séracs del Khumbu, y calculamos que es el 50% de las veces que por ella tenemos que transitar, las grietas no
sólo aumentan en número según van pasando los días, sino que las que ya tenemos aseguradas se abren cada vez más
dejándonos ver abismos insondables.
En las próximas jornadas subirá un grupo de alpinistas para quedarse unos días en el Campamento II y tratar de alcanzar el
Campamento III situado en la inclinada pared del Lothse.
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Glaciar del Khumbu
Día 16 de septiembre de 1999.
Hoy hemos montado definitivamente el Campamento I a algo más de 6.000 m, cinco expedicionarios pasarán en él la noche en una tienda de campaña que hemos tenido que montar en el hielo. Para ello han tenido que remontar la peligrosa cascada de séracs del Khumbu y pasar varias grietas por puentes construidos con varias escaleras de aluminio colocadas y ensambladas en un equilibrio funambulesco e inestable. Hoy el duro hielo ha hecho necesario el remontar la cascada con los crampones puestos. Las comunicaciones entre el Campamento I y el Campamento Base son perfectas gracias a los talkis y a la emisora Keenwood que permiten que mientras se progresa por la cascada se pueda intervenir si ocurre un accidente.
Para mañana se tiene previsto que los cinco que hoy duermen en el Campamento I desciendan al C Base y los cuatro que hoy están en el C Base asciendan a dormir al Campamento I o incluso al II (situado ya a 6.400 m).
El problema que dificulta el avance es la nieve recién caída (ha nevado todos los días desde que hemos llegado al Campamento Base), lo que hace el que haya que desenterrar las cuerdas fijas y además haya que abrir huella. El ser la única expedición al Everest en esta época postmonzónica por la vertiente nepalí implica el que no tenemos con quien compartir las tareas de abrir la ruta, fijar cuerdas, etc., pero es un problema que asumimos con gusto.
A pesar de todo la Expedición Samuel Rubio al Everest 1999 de Castilla y León, avanza en su intento de conseguir el punto culminante de la montaña más alta del planeta que habitamos.
En este preciso instante, el cielo se está cubriendo y como si de un rito diario se tratara, amenaza con comenzar a nevar.
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Campamento base, 14 de septiembre de 1999
Ayer día 13, ha sido un día importante para nosotros, sin duda lo que todos esperábamos al venir aquí. Desde Castilla y
León, y gracias a la maravilla que es la técnología que hemos traído, me preguntaba el otro día si esto verdaderamente era
como en los libros. Hasta ayer la realidad era distinta, el frío y la sensación de impotencia al no poder hacer nada, presidían
nuestro horizonte. Tan sólo la diosa Chomolagma, a quien nosotros pretendemos con insolencia, nos permitía el ver sus
contrafuertes y sus glaciares, antes de cubrirse el cielo y comenzar a nevar.
Pero ayer todo fue distinto. Pasadas las seis de la mañana, el conjunto de los expedicionarios se puso en marcha y
comenzamos por primera vez a enfrentarnos con los séracs que interrumpen el paso hacia las partes superiores de la montaña.
Las cuerdas fijas van facilitando nuestro lento avance y algunas escalas de aluminio tendidas horizontalmente permiten el
lograr alcanzar el otro extremo de las grietas. De momento todo va bien y vamos ascendiendo bajo un sol que multiplica su
calor haciendo de este lugar un verdadero infierno de calor. Los séracs se van haciendo cada vez más imponentes y el lugar
increíblemente laberíntico. La nieve depositada en los días anteriores relentiza la marcha y cerca de la una del mediodía
estamos todos juntos, los siete sherpas y los nueve expedicionarios.
Una grieta, de fondo insondable, nos cierra el paso. Con cuatro escalas unidas se construye un puente que tendido al otro
lado permite el avance. El pasarlo es un verdadero desafío al equilibrio y a la sensación vértigo que da el tener que mirar
inevitablemente para abajo para ver donde ponemos los pies. Entre risas (de los que observan al que pasa) y miedo del puntual
actor, vamos superando este acrobático paso.
Todos al otro lado continuamos un tramo hasta otro nuevo escenario que supera al anterior.
Como si de un castillo de hadas se tratara, un puente con cuatro escaleras unidas pasa funánbulicamente hasta un aislado
resalte de hielo, desde donde hay que montar otro ingenio de escaleras para llegar al otro lado; sin duda un escenario propio
de la imaginación más retorcida. El más viejo de nuestros sherpas pasa hasta el pináculo por el puente, y regresa a continuación
lo más rápido que puede indicando que es muy peligroso y que habrá que volver mañana con nuevas escalas y reforzar el paso, pero cuando ha acabado de decir estas palabras, con un ruido al que ya estamos acostumbrados vemos como se
derrumba el pináculo de hielo y las escalas quedan colgando hacia las profundidades de la grieta. Sin duda podemos
considerarnos afortunados. Por hoy hemos conjurado el peligro.
En este punto hacemos un hueco en la nieve y envolvemos todo lo que porteamos tanto los sherpas como nosotros, estamos
a unos 100 metros de lo que será nuestro Campamento I, aunque tendremos que buscar paso por otro lugar, y a una altitud
próxima a los 6.000 m.
El descenso, aunque tenemos que volver a pasar la grieta de los cuatro tramos, que sin duda nos hace descargar adrenalina
en abundancia, y otras grietas consideradas menores, aunque no por ello menos peligrosas, hace que descendamos entre la
nieve que está cayendo tímidamente, por nuestro particular laberinto, y en unas dos horas llegan los primeros después de bajar
lo que han tardado en remontar siete horas y media.
Sin lugar a dudas hoy sí hemos experimentado las alegrías que proporciona la montaña a pesar de su dureza y sus peligros.
Hoy nos hemos sentido en nuestra propia salsa y hemos disfrutado de esa conquista de lo inútil que asociaba el alpinista
francés Lionel Terray al alpinismo o a las actividades en montaña en general.
La aclimatación va desarrollándose de forma paulatina y todos nos sentimos fuertes y con ánimos para seguir progresando
por estos difíciles caminos de la tierra que esperemos que nos lleven cerca del azul del cielo.
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Glaciar del Khumbu. 12 de septiembre de 1999
Hoy por la mañana, concretamente a las 10, se ha procedido a la bendición del altar que se ha erigido en esta pequeña aldea que con 10 tiendas de montaña, otra tienda de almacén y el tendejón de piedras y plE1stico, cobija a las 21 personas que conforman el actual censo. Para oficiar la ceremonia ha acudido un lama de la localidad de Pengboche que ha entonado los monótonos salmos que se elevaban hacia el azul de un cielo que rivalizaba en altura con el Everest, el Lothse y el Nuptse.
A continuación se extendieron por el glaciar unas interminables hileras de banderas de oración que junto con las banderas de Nepal y de Castilla y León, comenzaron a ondear batidas por el viento, hermanándose como los estamos haciendo nosotros con los sherpas.
Estos días pasados han sido duros en el Campamento Base pues las nevadas han sido una constante y además de no poder hacer nada, la estancia se hace desagradable. Hoy al comienzo de la tarde aunque las nubes cubren el cielo y tapan las montañas, no nieva.
Pasada la celebración, todo es actividad pues estamos haciendo los preparativos para mañana por la mañana remontar la cascada de hielo del Khumbu, auténtico laberinto de seracs que es una de las partes más peligrosas de la montaña, las grietas, los inestables bloques de hielo que conforman el frente del glaciar, los muros verticales, etc... serán nuestra constante desde las cinco de la mañana, hora a la que tenemos pensado salir del Campamento. Nuestra idea es superar la cota de los 6.000 metros e instalar el Campamento I (a unos 6.100 m), para lo que llevaremos una tienda, hornillo, gas, comida, etc.., además del material de escalada y nuestro mejor equipo personal.
La mayor parte de la gente ya se encuentra aclimatada a los cinco mil metros y mañana veremos como va respondiendo el organismo a los seismil.
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9 de septiembre de 1999
Desde el frío hielo del glaciar del Khumbu, donde estamos instalados en estos momentos, y a pesar de que ahora son las 11,54 horas (en España son las 7,40 h) del 9 del 9 de 1999 y está nevando, tenemos el calor suficiente para enviar un caluroso abrazo a nuestros amigos vía Internet. Estamos seguros que no les defraudaremos con nuestra actuación. La técnica hace que estemos un poco más cerca.
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8 de septiembre de 1999
En el Campamento Base hoy ha amanecido nevando y aunque la mañana ha transcurrido más o menos agradable, ahora que son 16,30 horas está nevando con intensidad, lo que hace que estemos algunos en el comedor (muralla de piedras tapadas por un plástico) y otros en las tiendas en las que estamos repartidos de dos en dos.
Nuestro campamento del glaciar del Khumbu se compone de una decena de tiendas que nos cobijan de dos en dos (alpinistas, cocineros, sherpas), no estando ninguna situada a la misma altura, pues estamos encima del glaciar, una tienda grande de material y el barracón que a modo de sala de estar nos asila a nosotros, a los sherpas y la cocina. Los sherpas, ante la inactividad que la situación climática nos impone, se entretienen jugando a la baraja, y nosotros, colocando cosas, haciendo reparaciones, comprobando el equipo, utilizando la tecnología, e incluso haciendo natillas (que tenemos que defender del ataque despiadado de los ratones.
Nuestra situación está a la espera del cambio de las condiciones climáticas y de nuestra aclimatación, para ponernos en marcha instalando los sucesivos campamentos para que en los primeros días del mes de octubre tengamos ocasión del alcanzar la cima más elevada del planeta que habitamos.
Se ha confirmado el que somos la única expedición al Everest por la vertiente nepalí en este otoño.
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7 de septiembre de 1999
Por fin, tras siete etapas consecutivas durmiendo en Padhing, Namche Bazar, Tengboche, Pheriche, Lobuche y Gora Shep, nos han permitido llegar al glaciar del Khumbu en el que hemos instalado nuestro campamento Base.
En esta semana que ha durado la marcha de aproximación, hemos ido ganando paulatinamente altura a la vez que hemos ido comprobando lo dura que puede ser la vida para el pueblo sherpa que mora en estas montañas. La ausencia de carreteras hace que todo el transporte de mercancías se tenga que hacer a las espaldas de los porteadores, y es curioso el constatar que no hemos visto ni una rueda.
En Tengboche hemos tenido una visión memorable para todos los miembros de la Expedición, por primera vez hemos visto la cima
del Everest, la montaña que ha ocupado durante mucho tiempo nuestros mejores sueños, y que ahora su contemplación nos muestra una tangible realidad. A su alrededor míticos gigantes se nos muestran en toda su hermosura, el Amadablam, el Lhotse, el
Nuptse, y un sinfín de hermosas cumbres de hielo y roca. Aquí en Tengboche hemos pasado unas horas dentro de su monasterio
escuchando embelesados los monótonos y zumbones rezos de los lamas que nos transmiten una sensación de paz interior.
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31 de agosto de 1999
Llegamos a Luckla procedentes de Katmandu, en vuelo, con un impresionante aterrizaje en esto llamado aeropuerto.
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29 de agosto de 1999
Los nueve expedicionarios han llegado a la capital del Nepal Kathmandu después de haber permanecido la jornada anterior en Viena donde han aprovechado para visitar la ciudad.
Los últimos coletazos del monzón han acogido a nuestros montañeros que han sido recibidos por Thsering, el sirdar de la expedición que les ha impuesto el tradicional collar de flores rojas y amarillas como señal de bienvenida a su país y como su deseo y presagio de que la suerte nos acompañe en el transcurso de esta expedición.
En Kathmandu, compras de gas, más cuerda fija, tornillos de hielo, clavos, estacas, hasta Nandotti ha conseguido unos paraguas (automáticos) por 160 Rs (1 rupia nepalí vale 2,3 pts).
Por otra parte, el leonés Fernando Ledesma Rubio que va a realizar una serie de trabajos científicos en los glaciares del entorno del Campamento base del Everest y que coincidirá en estas fechas con los alpinistas, ha llegado a Kathmandu a las 13 horas de hoy.
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24 de agosto de 1999
EN MARCHA
Por fin salimos. Hoy, martes 24 de agosto, salimos a las 7 de la tarde de Madrid con destino a Viena. Un día de escala en la capital autríaca y nuevo vuelo hacia Katmandu, donde estaremos el día 26 a las 10 de la mañana hora local (5 horas de adelanto con España).
Dos amigos nuestros, Miguel García "Miche" y Cristino Torío han abierto hoy una nueva vía en una de nuestras zonas de escalada más emblemáticas, las Hoces de Vegacervera, en León y le han llamado "Everest 99". Esperemos que sea un buen augurio.
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10 de agosto de 1999
La Expedición se pone en marcha.
Un grupo compuesto de 35 porteadores, cocinero y ayudante, y 5 sherpas de altura, han salido hoy de Kathmandu en dirección a Jiri, desde donde mañana se pondrán en marcha camino del Campamento Base del Everest, teniendo prevista la llegada a este lugar el día 21 de agosto. Las malas condiciones meteorológicas con abundantes lluvias procedentes de los monzones, han hecho el que no hayan podido volar a pequeño aeródromo de Lukla y acortar la marcha unos 4 o 5 días.
Este grupo se pondrá a trabajar en la cascada del hielo del Khumbu para que cuando el grupo de alpinistas llegue a este lugar pueda estar transitable este peligroso tramo, que queda de la responsabilidad exclusiva de la EXPEDICIÓN SAMUEL RUBIO DE CASTILLA Y LEÓN AL EVEREST, por ser, según parece hasta el momento, la única Expedición que tiene prevista su actuación en la zona en la época postmonzónica.
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